EL UMBRAL DEL DOLOR


Estamos en la era del más duro hedonismo. En todos los estratos, empezando por el físico e incluyendo  especialmente el moral y el de conciencia.
Un hedonismo exigente, impaciente, indolente, zafio. Capaz de dejarnos inmóviles e impasibles ante verdaderas tragedias y apabullarnos con nimiedades ridículas.
Lo que para unos es un drama en toda su amplitud a otros muchos les parecen idioteces maníacas o cosas tercermundistas que en nada nos afectan.
Según parece, el sufrimiento del pobre, por el hecho de la costumbre de serlo, no tiene nada que hacer ante el sufrimiento, por ejemplo, de la Casa Real y la imputación de uno de sus miembros.
Lo califican de “tortura e injusticia”, pero no olvidemos que, desde luego, no se mueren de hambre o están a punto de perder su vivienda, sino que ese “martirio” viene de usar indebidamente muchos cientos de miles de € que harían felices a muchos ciudadanos de a pie. Euros que también provienen del erario público y como tal…procede del pueblo cada vez más cansado de ser exprimido de modo más típicamente  medieval.
Nos duele que no nos toque la lotería o que pierda el equipo de futbol favorito, cuando nos llegan las multas de tráfico, desde radares escondidos ,a pesar saber que hemos tenido exceso de velocidad o consumo de estupefacientes, que nos rayen el coche, tener que ir a trabajar y aguantar al jefe o llevar a los niños al Inglés…y no nos duelen, aunque cada vez parece que va empezando a doler un poquito, las personas por debajo del umbral de la pobreza en nuestro propio barrio, las de la esquina que doblamos para llegar a casa ¡Pequeño territorio con tan gran abismo en su interior!
Se exhiben los más ricos, regodeándose de haber seguido ganando burradas de millones de € a pesar de la crisis. En todos los medios de comunicación, se da la noticia sin el menor pudor, ignorando voluntariamente la realidad de  cientos de millones de seres que apenas tienen ni agua que beber…
Es vomitivo el trato que la prensa, radio y  televisión dan a estos diferentes extremos del padecimiento, agrandando las heridas abiertas en una sociedad donde no parece tener cabida la compasión ni el bien común.
Se anuncian comilonas o suculentas recetas de cocina al lado de las masacres en Siria, con foto de cadáveres destrozados de niños incluidas o la última bobada del ídolo de turno, que ya no sabe qué hacer con tanto dinero-éxito-poder, junto a los desalojados por la hipoteca o los refugiados e inmigrantes que huyen a vida o muerte de las guerras asesinas o el hambre feroz.
Podemos, incluso, llegar a sentir morbo por ver el vídeo ( ¡qué “oportuno” el que lo graba!) de como muere alguien al caerse de un rascacielos y se alcanzan millones de visitas-reproducciones  y ni nos fijamos en la llamada de socorro de la foto de al lado.
Todo indica que tenemos un umbral para el dolor que es como el del cristal con el que se mira el mundo. Así calibra nuestra respuesta enérgica o  nuestra apatía. Y que, muchas veces, esa diferente manera de actuar resulta espeluznante, insensata, atroz…
Tal y como lo veo esta noche, en la que intento escribir estas líneas para centrarme y concienciar y encontrar la paz en esa conciencia, estamos en una EMERGENCIA PLANETARIA. No ya por los fenómenos atmosféricos, telúricos, solares que cada vez van en aumento, no ya por las guerras, diferencias, enemistades, desigualdades, corrupciones e injusticias, sino porque no podemos mantenernos por más tiempo en la anestesia, en el adormecimiento moral y ético, en la visión de embudo que siempre calcula mal lo grande y lo pequeño. No podemos dormirnos en los laureles que no hemos conquistado honestamente.
Tengamos en cuenta que ya ha comenzado el 2014 y la situación del planeta es verdaderamente descorazonadora y tremenda.
Y cuando digo esto, sinceramente, siento que me avergüenzo de ver cómo actuamos los unos con los otros, con los animales, con la Naturaleza, con los cacharros-chismes electrónicos, con las falaces redes sociales, con las armas o la salud.
Mucho mandar misiones espaciales buscando planetas “parecidos” (¿para destruirlos como al nuestro?) a la Tierra ( tienen que ser parecidos porque si no, no parecen tener vida), y no conocemos lo que guarda la mirada del ser que está frente al espejo cuando nos miramos en él.
¡Nos queda tanto para alcanzar el privilegio de ser considerados seres evolucionados…!
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